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Qué hacemos con la violencia en el fútbol de la que pocos hablan

El lunes, Jorge Sampaoli presentó la lista de 35 jugadores que tienen chances de quedar entre los 23 definitivos que conformarán el plantel que viajará a Rusia a disputar el mundial de fútbol. Sin mucho entusiasmo, al menos esa fue la sensación mía al repasar los nombres, ni muchas sorpresas, entre los 35 se pudo observar, además de los jugadores que vienen formando parte de este grupo hace varios años, dos inclusiones que que más que por su juego, fueron parte de extensas discusiones por lo que hicieron fuera de la cancha. Más allá de los problemas judiciales de Messi, esos dos jugadores son Ricardo Centurión y Mauro Icardi.

Si nos detenemos a analizar esas dos convocatorias en el plano futbolístico se puede ver que los dos están pasando por el mejor momento de su carrera. Centurión en un puñado de partidos en su retorno a Racing convirtió 8 goles y dio 10 asistencias en la liga local, mientras que Icardi está completando su mejor temporada en el Inter con 28 goles en 34 partidos. A la hora de elegir a los mejores 35 jugadores argentinos del momento seguramente merezcan estar en esa nómina por su rendimiento. Pese a ese escueto análisis, la presencia de estos futbolistas  presentaron algunas objeciones vinculadas a sus actitudes criticadas desde un enfoque machista y feminista.

A Icardi nunca le van a perdonar que haya seducido a la novia de su, por entonces, amigo Maxi López, que haya roto un código perteneciente a la mercantilización de las relaciones sociales en donde la otra persona en una pareja es un objeto que le pertenece a su vínculo amoroso. Esto se puede apreciar en las críticas en donde abundan la conjugación de los verbos robar y quitar al decir que Icardi le quitó la novia a su amigo, por poner un ejemplo. Wanda aparece en ese debate como el objeto que era de Maxi y que Icardi se lo quitó o robó y por lo cual no tiene “códigos” y que a futuro representa una amenaza para el resto ya que no es alguien digno de confianza al haber tenido esa actitud con su mejor amigo. En ningún momento se pone en discusión la situación de la mujer en su anterior pareja, su decisión, por el motivo que fuera, que terminó marcando el fin de su relación e iniciar una nueva. Este fue el principal argumento por el cual fue resistido durante buena parte de su carrera para vestir la camiseta de la selección argentina y fue, además, el principal insumo para utilizar en notas de análisis y sobre todo memes.

Por el lado de Centurión, la crítica vino desde el feminismo, sobre todo desde la discusión que vino para quedarse, con perspectiva de género y que busca romper con paradigmas que parecían imbatibles y que hace repensar todas las lógicas sobre las que se trazó el sistema patriarcal. Ricardo Centurión fue denunciado por su ex pareja por haberla tomado del cuello, casi ahorcarla, y haberle astillado tres dientes. En su denuncia comenta que tuvo reiteradas actitudes violentas hacia ella realizadas en otras ocasiones.

Casos de violencia machista, abusos  o comentarios sexistas por parte de ídolos, referentes o artistas, productores, directores tanto de la música como del teatro, cine, televisión fueron dándose a conocer en el último tiempo, a partir de la seguridad de poder hablar ahora u sentirse acompañado o acompañada, sabiendo que no se está solo o sola en este momento como si sintieron que lo estuvieron en el momento donde sufrieron la agresión. En el ambiente de la música tenemos ejemplos locales como Cristian Aldana, cantante de «El otro yo”, quien fue denunciado por varias mujeres que dicen haber sido abusadas por él, también se encuentra la denuncia a Cordera por sus comentarios sexistas, al igual que Cacho Castaña. Por comentarios o abusos, suman una lista importante la cantidad de músicos en todo el mundo que tuvieron que pasar por la justicia o que fueron objetivo de escraches en redes sociales por sus dichos o actitudes. En algunas ocasiones se les fueron cerrando las puertas de lugares para tocar, como también de productoras que no quieren sentirse “manchadas” por la carga negativa que al fin tienen esas acciones.

En el cine, televisión y teatro se amplió el foco de denuncias dirigidas no sólo a actores sino también a directores y productores. Escenas donde besos y manoseos no estaban en el contrato, castings que se definen por la aceptación de algunas propuestas indecentes o abusos en camarines fueron parte de las denuncias que realizaron muchas mujeres, y también hombres. Por citar sólo dos ejemplos, se pueden tomar los casos del conocidísimo actor Kevin Spacey y del productor de Hollywood Harvey Weinstein. La semana pasada la Academia de cine norteamericana decidió echar a los directores Cosby y Polanski por las denuncias y condenas por abusos y acoso sexual, mientras se espera que algún día corra la misma suerte Woody Allen que tiene prontuario de sobra hasta para ir preso por el abuso sexual hacia su hija.

Con estos casos en la música y en la pantalla uno de los debates que surgen como respuesta es qué hacer con el arte de esos hombres monstruosos, que violaron compañeras de trabajo, menores de edad, que drogaron para abusar de ellas, que aprovechándose del lugar de poder y referencia que tenían lo usaron para vulnerar cuerpos y violentar hombres y mujeres, como también sin haber realizado ninguna de las anteriores acciones fueron cómplices al no denunciarlas, guardar silencio pese a conocer que sucedieron esos hechos o apoyar y defender a los agresores, sin contar la amplia gama de comentarios machistas que le terminan de dar forma a una personalidad totalmente repudiable. Algunos y algunas decidieron dejar de escuchar sus discos, ver sus películas, disfrutar su arte. La separación del arte y el artista se hizo visible en esas decisiones, cómo ver Manhattan de Woody Allen sin tener en cuenta su relación con su hijastra, cómo ver una película de Polanski sin tener en cuenta la denuncia y condena que nunca cumplió por haber violado a una niña de 13 años.

Trasladando ese debate al deporte, queda preguntarnos si se puede disfrutar un partido, gritar un gol de alguien que agredió contra su pareja, que le rompió los dientes, le mandó fotos con un arma y se abraza con compañeros que lo defienden y protegen. Si bien la Copa del Mundo es uno de los máximos anhelos deportivos en nuestro país, hasta qué punto se pide ganarla “como sea”, incluyendo a un jugador que nos puede representar en esa competencia con los valores que expresan sus actitudes violentas de público conocimiento.

Sólo para mencionar los casos en el fútbol, el año pasado, seis jugadores de primera división fueron denunciados por violencia de género. Si se repasan los nombres de algunos jugadores argentinos en distintas categorías y en distintas ligas, se puede recordar cómo Boca salió campeón con dos futbolistas que fueron denunciados por violencia de género: Centurión y su arquero Agustín Rossi. En octubre del 2016, Barbara Segovia publicó en sus redes sociales una denuncia dirigida al arquero de Boca por moretones en varias partes del cuerpo, además de contar que sintió miedo de morir. A fin del año pasado, Andreia Marques, esposa de Lucho González, el conocido ex jugador de la Selección Argentina y de River,  denunció a su marido por tentativa de homicidio al intentar asfixiarla y querer cortarle sus muñecas. Otro caso que se está tratando actualmente es el que involucra al ex mediocampista de Boca y de River, Jonathan Fabbro, con destacada actuación en otros clubes de sudamérica. Está acusado de haber abusado sexualmente de su ahijada de 11 años. Alexis Zárate, ex jugador de Independiente y Temperley, se encuentra en libertad, pese a haber sido condenado a seis años y medio por haber abusado sexualmente de Giuliana Peralta en el 2014, mientras se espera la decisión de la Corte Suprema provincial. Se le prohibió además salir del país, luego de haber arreglado su pase con un club europeo. En este caso hay que recordar también la participación del jugador y figura de Independiente, Martín Benítez, quien se encontraba en la misma cama que su ex compañero y su ex novia Giuliana Peralta y que declaró haberse despertado después del abuso, además de querer luego encubrir al acusado y proteger su carrera pidiéndole a su ex pareja que no realice la denuncia..

Más allá del grado de conocimiento y de denuncia realizada, lo importante es destacar cómo todos los involucrados en causas por violencia de género, abuso o acoso siguen su carrera profesional sin cuestionamientos.

Tomando este debate, como hincha de Velez, estoy agradecidisimo a Mauro Zárate por haber vuelto, pero también me pregunto en qué lugar ubico el saludo fascista y el comentario agresivo en la cuenta de instagram de su esposa al criticarla por tener poca ropa en una foto y llamarla idiota. En el mapa de denuncias que venimos conociendo, nos podemos preguntar (si me permiten hablar en primera persona plural amortiguando mi vergüenza o mis dudas de no saber bien en dónde ubicarme), si acaso habrá actitudes repudiables que no alcancen a afectar la imagen íntegra del ídolo, o acaso es una forma de encontrar la excusa para mantener en algún grado la conciencia crítica y limpia al diferenciar distintos tipos de agresiones.

Hay muchos debates que todavía están abiertos, qué hacer con los ídolos deportivos cuando se conocen casos como estos, qué lugar tiene en un equipo donde hay otros diez jugadores, algunos que protegen a su compañero cuando los denuncian, otros que son uno más en un esquema planificado por una dirigencia y un cuerpo técnico que también deben replantear sus procedimientos al respecto. Si bien puede que no esté tan claro el panorama, lo que si  está claro es que hay que terminar con la violencia machista en todos sus ámbitos, aspectos y expresiones. En la búsqueda de tener una sociedad igualitaria hay que pensar, problematizar e ir definiendo decisiones que aporten a ese camino incluso desde el fútbol, en el marco de una batalla cultural necesaria que hay que darla y que debe apuntalar la definitiva decisión de erradicar la violencia machista.

También hay que revisar qué hacen los clubes en materia de violencia de género. Es para destacar el procedimiento que tomó Rosario Central al darse a conocer que uno de sus jugadores (Fernando Tobio) estuvo implicado en un caso de violencia, aplicándole una multa y destinando ese dinero a campañas de prevención y difusión sobre esta problemática, e incluso llevando esa campaña también a sus divisiones inferiores. Otro club que tomó cartas en el asunto fue Velez, siendo el primero en crear un área específica sobre violencia de género en donde se pueden realizar denuncias de forma anónima, consultas y en donde también se harán talleres y capacitaciones a jugadores y jugadoras de distintas disciplinas. El rol de los clubes es fundamental en el camino de terminar con la protección hacia los implicados que llevan a la búsqueda de acuerdos con la víctima para que no hable, para que no denuncie.

Sampaoli decidirá si Centurión estará en la lista de los 23 jugadores del plantel definitivo, ahora bien, al menos su incorporación no debería pasar por alto lo que significa que un jugador que golpeó a su pareja, no se disculpó al respecto y al que periodistas y fanáticos defienden, nos represente en un Mundial. En la sintonía de creer que se puede construir un mundo mejor desde el deporte por sus valores, algo que repiten muchos como frase vacía, y en la coherencia de nuestros reclamos hacia los futbolistas que se dirigen a los que cambiaron de camiseta por un mejor sueldo o a los que no pusieron lo que había que poner en una final, no debe pesar menos estas actitudes, sino no sólo no estaríamos entendiendo nada de fútbol sino de la vida y del mundo en el que queremos vivir. En este sentido, al menos yo elijo uno sin violencia, con igualdad y sin Centuriones en el mundial.

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