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Los desafíos del deporte argentino rumbo a Tokio 2020

Por Luis Pelaez
@fortinducto

El 21 de agosto se terminaban, con la ceremonia final, los Juegos Olímpicos de Rio para dar lugar a una nueva olimpíada que durará nuevamente 4 años, hasta llegar a los Juegos de Tokio 2020. Nuestros país tuvo una destacada actuación, llegando con una delegación histórica de 213 deportistas e igualando la máxima cantidad de doradas (3) en un Juego Olímpico. Hay que recordar que estos logros no se conseguían desde Londres 1948.

Los deportistas argentinos llegaron a estos Juegos con un ciclo olímpico totalmente planificado por el trabajo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). En entrevistas previas al desarrollo de los Juegos, Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino, predijo que “se pueden llegar a ganar 6 medallas.o cero». El trabajo que se hizo aportando recursos, para que los deportistas se abocaran de lleno a los entrenamientos y competencias, muestra señales que ubican al deporte argentino dando un salto de calidad, reubicandolo en un mejor lugar en el medallero final (27°) con las tres doradas y una plateada conseguida por Pareto en Judo, Los Leones en Hockey, Lange-Carranza en Vela y Juan Martín Del Potro en Tenis. A estos logros hay que sumarle los diplomas y buenas actuaciones que ratifican la diferencia que se logra cuando se tienen recursos y un “fogueo” internacional, que permite tener un mejor entrenamiento y conocimiento de sus rivales. En esto último se engloban las finales conseguidas en Atletismo, con Toledo y Chiaraviglio en lanzamiento de Jabalina y Garrocha, el cuarto lugar de Patricia Bermudez en lucha, como así también los resultados en Tiro, con Fernanda Russo terminando entre las mejores 20 con sus 16 años y el diploma de Melisa Gil, y el octavo puesto para Matías Albarracín, logrando una ubicación histórica en Salto Ecuestre.

Si bien se estuvo cerca de llegar a la máxima cantidad de medallas pronosticadas por el presidente del COA, hay que recordar el rendimiento en algunas disciplinas de las que se esperaban conseguir mejores resultados y a los que no se llegaron por un rendimiento que no fue el adecuado o por derrotas que dejaron a algunos en las puertas del objetivo. Con respecto a lo primero hay que mencionar a Las Leonas y al fútbol masculino, quedando lejos de la disputa por las medallas, mientras que con lo segundo hay que hacer referencia al Boxeo, donde siguen acumulandose los años sin medallas, el rugby y la lucha con Patricia Bermudez quedando muy cerca de la medalla de bronce.

Luego de estos resultados y a la hora de hacer un balance llegará la pregunta que tendrá como respuesta lo que se haga en esta nueva olimpíada: ¿Y ahora qué? En primer lugar se tendrá que afinar la planificación para los próximos 4 años en cuanto a los atletas y deportistas que continuarán con el apoyo económico. El ENARD ya había anunciado cambios en cuanto a este esquema. Ya con una experiencia completa encima, se deberán corregir los errores que se cometieron, como la ausencia de los botes para los entrenamientos previos a la competencia, o revisar por qué tuvo que trabajar como albañil Braian Toledo meses antes de los Juegos, sacandole tiempo de preparación y descanso, como así también el proceso de selección y entrenamiento que mencionó Joana Palacios luego de debutar en un juego olímpico en la prueba de Levantamiento de Pesas. También deberán analizar cómo hacer para reposicionar al remo argentino que tuvo una buena participación en Londres 2012 y una floja actuación y presencia en Rio 2016, con igual preocupación en Canotaje y Taerkwondo donde sólo Crismanich pudo haber clasificado para defender su medalla dorada y finalmente la Argentina no tuvo ningún participante en este deporte. En esta planificación no hay que dejar de lado la incorporación de nuevos deportes al programa olímpico de Tokio 2020 (béisbol, softbol, karate, surf, escalada deportiva y skate) y que deberá sumarse a los planes del Enard.

En cuanto a próximos eventos el más importante para el deporte argentino, teniendo en cuenta su proyección y la oportunidad única de trabajar a fondo con una base elegida gracias al trabajo de detección de talentos como nunca antes se hizo en la historia, son los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. También será importante el desarrollo de esta competencia si se quiere ubicar a nuestro país en una posición considerable para organizar en el corto plazo algún Juego Olímpico, mejorando los errores que dejó Rio en los primeros Juegos en sudamérica, con todo lo que esto significa para “los ojos del mundo”.

El calendario para nuestro deporte tendrá en el 2017 los Juegos Sudamericanos juveniles en Santiago, en el 2018, además de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, también se desarrollarán los Juegos ODESUR en Cochabamba, en el 2019 en Lima, Perú se realizará una nueva edición de los Juegos Panamericanos y finalmente al año siguiente llegarán los Juegos Olímpicos a Tokio.

¿Hace falta algo más que recursos para fortalecer el desarrollo del deporte argentino? Sin lugar a dudas. Gerardo Werthein declaró recientemente que tiene como objetivo impulsar la creación de un Ministerio de Deportes y la expansión de Centros de Entrenamiento para el alto rendimiento en el interior del país y en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, aprovechando el legado que le puede dejar la organización de los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Otro aspecto sobre el que se tendrá que trabajar es la articulación con federaciones, clubes, asociaciones y el deporte universitario. La semana pasada la Federación del Deporte Universitario Argentino (FeDUA) difundió una editorial en donde mostraba cómo en otros países el deporte universitario es la base del deporte de alto rendimiento. Si bien hay muchas diferencias en el modelo y estructura que hace imposible pensar similitudes entre la NCAA estadounidense, los BUCS británicos y las que tenemos en nuestro país, es necesario observar y trasladar algunas experiencias que puedan potenciar la planificación de nuestro deporte. Este trabajo se toma muy en serio en países como China, Rusia y Corea el Sur, últimos organizadores de las Universiadas (Juegos Olímpicos Universitarios en Shenzhen 2011, Kazán 2013 y Gwangju 2015), en donde el deporte universitario pasó a ser parte fundamental en la planificación de los países asiáticos sin necesidad de replicar el modelo de EEUU, pero usando las Universiadas como instancia de puente al alto rendimiento previo a los JJOO. Hay que recordar que la próxima se desarrollará en Taipei en el 2017. La importancia de este evento se encuentra en que sirve como preparación de muchos atletas que luego participan de Juegos Olímpicos obteniendo buenos resultados, según la Federación Internacional del Deporte Universitario (FISU), un 80 % de los medallistas de Londres 2012 pasaron por una Universiada.
Nuestro país participó en la anterior edición que se desarrolló en Corea del Sur el año pasado, con la delegación más grande de la historia en una Universiada: 120 estudiantes deportistas; este año en el marco de los JUSBA 2016 (Juegos Universitarios Sudamericanos Buenos Aires 2016) organizados por la FeDUA en Miramar, 250 estudiantes deportistas participaron para dejar a la Argentina en el primer lugar del medallero. Aún así sólo Belén Casetta en atletismo, compitió en los últimos Juegos Olímpicos de Río. En este sentido, si bien la FeDUA tiene diálogo con varias federaciones, sólo se observa un trabajo más profundo en el aprovechamiento de las selecciones de Vóley y Handball para probar selecciones juveniles y alternativas y darle minutos a jugadores de reserva.

Hay que pensar en el futuro aprendiendo de lo que nos dejó Rio, de la acumulación que deja la experiencia, de los aciertos y errores que se cometieron, de la enseñanza de respetar proyectos a largo plazo que ya dejan en el presente algunos logros como el hockey masculino y que invita a soñar con el voley, y fundamentalmente hay que tomar los próximos desafíos como metas que se deben cumplir para continuar avanzando. Los cupos regionales que liberó Brasil por ser sede ya no estarán disponibles y se debe repetir o superar la cantidad y calidad que mostró el despliegue de la delegación argentina en estos últimos juegos, pero para eso deberá trabajar, y mucho, con proyectos que puedan pensar el futuro con pasos firmes en el presente y con la articulación necesaria para potenciar cada etapa de un proyecto que tendrá como objetivo la ubicación de nuestro deporte como potencia olímpica mundial.

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