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Manu Ginóbili «Es la preparación más difícil que hayamos tenido»

Por Manu Ginóbili

Son muchas las cosas que vamos viviendo y estoy disfrutando de todo lo que está sucediendo con la selección. La verdad es que arranqué con todas las ganas, pero al tercer o cuarto día tuve un tironcito -sinceramente, una pavada- y eso me dejó una semana afuera de las prácticas. Eso me retrasó bastante en la preparación, porque me perdí los amistosos con Nigeria y recién volví contra Estados Unidos. Pero de a poquito va queriendo la cosa y ya me siento más parte del equipo. Ahora que ya me entreno regularmente y que juego, es como si hubiera cambiado muchísimo todo. Estoy contento de estar y de sumar. De ser parte de toda esta gira.
Tengo mucho entusiasmo por este proceso y entiendo que ésta es la preparación más difícil que hayamos tenido. Así que no estamos preocupados, ni dependemos de los resultados para sacar conclusiones. Quizás otros años había mucha más expectativa por esas cuestiones, ya que al inicio los rivales eran de jerarquía un poquito menor. Ahora todo es diferente, y queremos disfrutar frente a rivales de tanto poderío. Sabemos que a los más chicos del plantel les viene muy bien jugar contra potencias. Y a nosotros también nos sirve, en especial a Cabeza Delfino y a mí, para recordar un poco cómo era esto del básquetbol FIBA, de jugar en el máximo nivel. Así que, sin duda, es una muy buena plataforma antes de los Juegos. Estamos a la mitad del proceso; ahora viene la parte compleja, exigente, que nos va a servir para tomar la medida de lo que será el equipo para agosto.

Estos partidos en Tecnópolis sumaron. Y en especial el de Lituania. Más que nada porque lo cerraron los más chicos y compitieron de igual a igual con una potencia que es subcampeona de Europa. El resultado fue casi secundario, porque tranquilamente se podría haber perdido ese partido. Lo bueno es que se jugó en buen nivel y se llegó a un final palo a palo. Eso suma muchísimo. Estuvo buena la manera en la que sucedió todo. Los chicos sumaron minutos y experiencia, y nosotros los tomamos como ensayos que nos sirven para conocernos más con los más jóvenes. Principalmente para mí y para Delfino, que no habíamos compartido ni un minuto en la cancha con muchos de ellos.

Y dentro de toda esta historia de la gira, no puedo dejar de reconocer que es muy emotivo para mí estar compartiendo nuevamente una cancha con Luifa y Chapu. Y son infinitas las razones para que eso me suceda, porque son muchas las cosas en las que competí con ellos. Con Cabeza las compartí un tiempo después, pero fueron iguales de intensas.

Es indudable que el factor Delfino hace que sea doblemente emocionante todo. Es que su regreso implicó reencontrarnos en una cancha después de todo lo que él vivió y de todo lo que pasó para volver a ser un jugador de básquetbol. Y cuando muchos pensamos que quizá no podía jugar más, él está ahí peleándola, está con nosotros, no desentona y le está metiendo una garra bárbara… Así que estoy tremendamente emocionado.

Sin dudas, también me genera expectativa el conocer a los más chicos. Compartir con los que están un poco más consagrados, como Leo Mainoldi, Facu Campazzo y Nico Laprovittola, como también con los más chicos. Me produce una gran satisfacción. Vivo todo con alegría y lo disfruto.

Todo es bastante intenso en esta etapa. Si bien todos los años jugamos partidos en casa antes de grandes competencias, siempre es bueno jugar en la Argentina, porque ayuda a recordar y permite volver a sentir cosas que están buenísimas. Me encantó ver Tecnópolis a full, con tanta gente apoyándonos. También acá, en Córdoba, parece que va a estar tremendo. Incluso, cuando bajamos del avión en el aeropuerto había un gran revuelo. Así que me pone contento que sigamos generando expectativa; me da satisfacción que la gente quiera seguir viéndonos jugar, que nos quiera saludar. Siempre es un placer jugar en casa. A veces genera algo de responsabilidad extra, porque uno quiere darle un poco más a la gente, y a veces, por el tiempo que uno lleva de preparación, todavía no está en las mejores condiciones. Por eso hay que medir un poco el cuerpo y en especial eso sirve para mí, porque acabo de cumplir 39 años.

En todos estos días pensé bastante en los Juegos, aunque faltan varias jornadas. Y la verdad es que voy a Río de Janeiro con mucha ilusión. De otra manera, no estaría en esta etapa con la selección, jugando. Pero por momentos también siento algo lejanos los Juegos. Me parece que se cambia el chip cuando uno llega a la Villa Olímpica. Y también creo que, como nos faltan todavía tres partidazos con Francia, Croacia y Serbia… Todavía me sucede que no pienso únicamente en Brasil. Es como si por ahora estuviera más enfocado en prepararnos de la mejor forma para la gran cita que en la gran cita misma.

Y la verdad es que también hay como una situación diferente en esta preparación en la Argentina. Y eso puede influir. Si bien comenzamos en Las Vegas con la exigencia, lo que estamos viviendo antes de irnos a Río tiene un sabor distinto a los de otras veces. De todas formas, supongo que el 2 de agosto, cuando entremos a la Villa, va a cambiar todo y las sensaciones y los recuerdos van a empezar a jugar un papel determinante.

Es que las expectativas se renuevan y a uno empieza a pasarle un montón de cosas. No sé si estos Juegos me sorprenderán, porque ya tuvimos muchas vivencias con la selección en otros. Pero de todas maneras mantengo la ilusión de vivir el día por día. Quiero disfrutarlos. Quiero compartir con otros atletas. Con deportistas de otros países. Y quiero volver a vivir todo eso que generan los Juegos Olímpicos. Lo que me moviliza es la ilusión de estar y competir. Ya pasaron cuatro años desde los últimos y estoy con muchas ganas de volver a vivir una experiencia olímpica

Manu

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