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#VELA Lange: un crack que persevera

Entre los más de doscientos deportistas argentinos que competirán en Río de Janeiro hay muy pocos que hayan ganado una medalla olímpica y menos aún que hayan ganado dos, como Santiago Lange, emblema del yachting y ejemplo de vida por haberse sobrepuesto a una grave enfermedad

Originario de San Isidro, donde transcurrieron sus etapas bautismales, y más todavía, en el Club Náutico, Lange es un prestigioso ingeniero naval y un regatista de foja copiosa y gloriosa. Basta con reponer que como diseñador se ha especializado en la clase Optimist, la que en la Argentina se hizo notoria en 1974, cuando un adolescente Martín Billoch ganó la Copa del Mundo, un logro que diversos deportistas nacionales repitieron nada menos que once veces.

Y como regatista propiamente dicho, qué decir, sus conquistas dan para más de una vitrina. Seis veces campeón sudamericano, dos veces ganador del campeonato europeo y otras dos del Trofeo Su Alteza Real Princesa Sofía, doble medalla de plata en Juegos Panamericanos (1983 y 1987) y cuatro veces campeón mundial, tres en la clase Snipe (1985, 1993 y 1995) y una en la clase Tornado, en 2004.

¿Y en los Juegos Olímpicos? En los Juegos persiste desde los de Seúl 88, hasta completar un total de cinco, matizados con las ausencias en Barcelona 92 y Londres 2012.

Ni en Seúl, ni en Atlanta 96 ni en Sidney 2000 subió al podio, pero sí en Atenas 2004 y en Pekín 2008, bronce por dos, cuando rozó la excelencia la dupla con el correntino Carlos Espínola, “Camau”, medallista argentino récord con la asombrosa marca de cuatro.

En Atenas 2004 Lange-Espínola terminaron detrás de Lowell-Ogletree de los Estados Unidos y Hagara-Steinacher de Alemania y en Pekín 2008 detrás de Bundock-Ashby de Australia y Echavarri-Paz de España, nombres desconocidos fuera de los límites de los deportes náuticos, pero de gran predicamento, del mismo modo que varios de los que quedaron cerca de un tercer puesto con sabor a gloria.

En uno y otro caso la dupla argentina no constaba entre las favoritas, como tampoco constará entre las favoritas la que Lange integrará con la acreditada rosarina Cecilia Carranza en la modalidad de Nacra 17, pese a que luego de un comienzo irregular han cosechado muy buenos resultados, sobremanera un segundo puesto en el Mundial de Santander y un quinto puesto en el Mundial de Miami.

Lange ve con mejores posibilidades a Juan De La Fuente y Lucas Calabrese (“ellos pelearán una medalla”), sin perjuicio de que en estos mismos días de afinamiento en la Bahía de Guanabara, donde llevan un apreciable tiempo de entrenamiento, ve las perspectivas con mayor optimismo y subraya que pondrán toda la pasión en pos de una medalla que, en su caso, sería la tercera.

Estos Juegos, los de Río, de por sí atrayente, tendrán para él un par de añadidos significativos.

Uno, que en una delegación argentina que clasificó a nueve clases, en la 49er (“la Fórmula 1 del yachting”), competirán sus hijos, Yago y Klaus Lange.

Lo otro se corresponde con la encrucijada a que lo sometió el destino: en 2015 un chequeo de rutina detectó un tumor en el pulmón, en septiembre de ese año se lo extrajeron y tuvo que abocarse a una convalecencia lenta, metódica y, en alguna medida, incierta.

Fue entonces cuando este hombre que hoy va camino de los 55 años tuvo que reencontrarse con aquel joven soñador que había sido en la Universidad de Southampton y refundar el contrato con el deportista que Daniel Bambicha, coordinador del equipo nacional de yachting, define como “un ser especial que resume perfecto el espíritu olímpico.

Bon vivant y luchador, Lange, y olímpico hasta la médula.

telam

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