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La situación del plantel de fútbol para los JJOO

Olarticoechea «será el entrenador del seleccionado argentino para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro «. La contundencia de la frase es como para que no se ponga en duda a quien la pronunció. Pero del aquelarre de la AFA (aunque aquí no hay brujos ni demonios, sólo negligencia) surgió la voz de Víctor Blanco, ex titular de la comisión de selecciones -que se sepa, se alejó del cargo tras la Copa América Centenario-, luego de la renuncia del director técnico de los mayores, Gerardo Martino.

El Vasco estuvo celebrando el campeonato del 86 en estos días y se encuentra en funciones como DT de la selección femenina mayor. Además, había asumido de manera interina como entrenador de la Sub 20 para el torneo de L’Alcudia, que se jugará del 24 de julio al 4 de agosto, en Valencia, pero en caso de asumir esta nueva función no podría acudir a ese certamen.

El dato que a Olarticoechea como principal postulante para dirigir en los Juegos Olímpicos es más burocrático que técnico, por ahora: es el único preparador que trabaja con contrato en la AFA, hoy.
Sin embargo, al margen del posible interinato de Olarticoechea, la raíz del problema y seguramente la gota que rebasó el vaso de la paciencia de Martino, es que el seleccionado olímpico no tiene aún suficientes jugadores para entrenarse, por la negativa de los clubes para ceder a sus futbolistas.

La agenda de los Juegos Olímpicos marca que el 4 de agosto hay que enfrentar a Portugal, y siguen Argelia (el 7) y Honduras (el 10); los dos primeros en Río de Janeiro y el restante en Brasilia.

El arquero de Real Sociedad, Gerónimo Rulli; el defensor José Luis Gómez (Lanús), los volantes Giovani LoCelso (Rosario Central) y Mauricio Martínez (Unión) y el delantero Ángel Correa (Atlético Madrid), son los únicos que llenan todos los requisitos (autorización de sus clubes, el más preciado) entre los 35 a los que quedó reducida la lista original de 60 jugadores seleccionables. Hay que juntar 18 para Río; al menos ésa era la cifra en la que había pensado el Tata.

La probable cesión del delantero Cristian Pavón y el defensor Jonathan Silva, de Boca, que propuso Guillermo Barros Schelotto para después de la actuación xeneize en la Copa Libertadores, está al borde del recurso extremo, algo que, de todas formas, encaja en el panorama de este seleccionado. En caso de que el auriazul llegue a la final, eso se produciría sólo siete días antes del debut olímpico. En igual situación está otro integrante de la lista, el delantero Jonathan Calleri, de San Pablo.

En tanto, el mediocampista de Banfield, Iván Rossi, presentaría otra encrucijada para el Vasco Olarticoechea: su club lo cedería, pero está en danza un posible pase a River, que no le permitiría integrar la lista, como ya se anunció en Núñez con Augusto Batalla, Jonathan Maidana y Leandro Vega, una posición que también adoptó Independiente con Víctor Cuesta, Emiliano Rigoni y Martín Benítez.

El efecto contagio actúa para mal en estos casos. La mediocre y casi caprichosa política de «si aquél no autoriza a sus jugadores, nosotros tampoco»; el desapego por las causas de la selección en clubes que apenas están en la etapa de la pretemporada, y la hoguera de la AFA que lo consume todo, podría derivar en otro oprobio como el de las intervenciones judiciales y de la FIFA. La designación del próximo director técnico debería ser parte de la carga que asuma el Comité Normalizador de la FIFA, pero la cuestión olímpica es perentoria.

Y a todo esto, el secretario general de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Sebastián Balbi, postuló a su seleccionado. «Uruguay está interesado en participar en Río 2016 si la Argentina no va. Tenemos un Sub 20 trabajando y eso es una ventaja», sostuvo el directivo. La Argentina se había clasificado para los Juegos al obtener el torneo sudamericano Sub 20 el año pasado, en la final ante Uruguay, el anfitrión.

Armar un escalafón de entrenadores, comenzar una búsqueda y seleccionar al mejor disponible, es una utopía por la falta de tiempo, pero más que eso es la situación del fútbol argentino, que hace agua por todos y ahuyentó a un director técnico, la que convierte todo en precario, en una sucesión de desgracias que no tiene fin. A la deriva.

Canchallena

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