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«No me puedo sacar los Juegos de la cabeza» Entrevista a Diego Simonet

Dos meses después de la lesión en una rodilla, el Chino habla de su ilusión, aunque acepta que está lejos. Dice que ya no llora y que ocupa su tiempo estudiando.

Los lleva en la piel, literalmente. Lo demuestra con un tatuaje en el bíceps derecho. En el corazón, en todo el cuerpo. Son su ilusión, ésa que se va desvaneciendo desde que el 19 de marzo se rompió los ligamentos de la rodilla derecha jugando para el Montpellier por la Champions. Un primer arranque de dolor y bronca le sacó el “voy a ir en contra de los pronósticos”. Hoy los acompaña. ¿De qué hablamos? De lo que habla Diego Simonet casi dos meses después del peor día de su vida deportiva. De los Juegos Olímpicos.

Hoy, el Chino no llora. De hecho, se ríe. Le mete dos horas de mañana y otras tantas de tarde en el kinesiólogo; ya hace bici, pesas, no usa protección en la rodilla y empezó a doblar la pierna. Los Juegos Olímpicos largan en casi tres meses (5 de agosto) y al Messi del handball no le dan los tiempos. Con suerte, estaría jugando en septiembre.

-¿Seguís pensando en Río?

-No me puedo sacar los Juegos de la cabeza. Aunque sé que es casi imposible que yo pueda llegar bien. Pienso en estar a disposición de lo que quiera el equipo, voy a hacer lo que se necesite. Si quiere que esté, estoy. Haré lo mejor para el equipo.

-La ansiedad por recuperarte puede jugarte en contra. Quizá apurarte en la rehabilitación...

-Eso me pasó hace una semana. Había empezado con ejercicios que en realidad debía hacer dos semanas después, y al día siguiente estaba rengo de vuelta. Tuve que aflojar.

-¿Cómo están las cosas con el Montpellier?

-Bien, pero no querían dejarme ir a rehabilitarme a la Argentina. Es normal, esto es un accidente de trabajo, son las reglas. Por suerte, hablando con el cuerpo técnico argentino llegamos a un acuerdo: el Montpellier va a estar al tanto de todo, se van a seguir los protocolos y a respetar los tiempos.

-¿Cuándo venís?

-El 10 de junio, para el Panamericano que empieza el 11. Me quedo hasta el 15 de julio, vuelvo para un control en Montpellier y otra vez viajo a Argentina.

-Pasaron casi dos meses desde la lesión. ¿Cómo lo manejas hoy?

-Cuando me enteré, se me vino el mundo abajo. Hasta que me operaron no paraba de llorar. Encima todo el tiempo me hablaban de los Juegos Olímpicos y los Panamericanos de handball, fue terrible. Hasta que me confirmaron que iba a la Argentina a recuperarme, dormía cuatro horas por noche. Me maquinaba. Soy de maquinarme, me hacía la cabeza. Llegaba a mi casa, me bajoneaba y me ponía a llorar. Ya con la noticia de que me dejan ir y allá Daddy (Gallardo) y (Carlos) Marino ( NdeR: DT y médico de la Selección) me aguantan en la recuperación, ya me quedo más tranquilo, pensando sólo en la rodilla. Además, no me quiero mandar otra macana por apurarme. No me quiero perder el Mundial de Francia en enero. Mi sueño son los Juegos Olímpicos, sí, pero hay que ser inteligente; Daddy lo es. El me dice que esté tranquilo y no me vuelva loco.

-¿Cómo ocupás tu cabeza con tanto tiempo libre?

-Hace dos semanas estoy haciendo una diplomatura a distancia en Gestión Deportiva con la Universidad Blas Pascal de Córdoba. Me ocupa todo el tiempo libre. Mi idea es construir un club profesional en la Argentina, eso es con lo que flasheo. O al menos semiprofesional. Le tengo fe al trabajo del handball argentino y a la Federación. Si le agregamos la experiencia de los jugadores, todo eso se puede lograr.

Entrevista publicada en Olé y realizada por Sergio Stuart

 

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